Y él gritó:
-¡Libertad!-
dio un brinco de oro
y resplandeció.
Fue tanta la opulencia
del despliegue sus brillos
que el sol lo envidió,
y hambriento de avaricia
hinchió la boca,
con sus más bestiales
tormentas solares,
para al fin soltar
su áurea voz:
-¡Libertad!-
(pronunció)
…
sin figurarse
que sería su última palabra
…
Desde entonces
el sol
dio un vuelco a la nada.
En cambio
él:
¡fue tan feliz
al liberarse del amor!

23/09/2009 -Maga Libre-
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